La nutrición, la medicina del deporte y, en general, la medicina, se valen con frecuencia de herramientas y técnicas importadas de otras ciencias que contribuyen a obtener información muy valiosa para mejorar los procesos. En este artículo vamos a hablarte de cómo la medición de un parámetro que en principio está vinculado con la Física puede ayudar a mejorar nuestra alimentación y nuestro rendimiento deportivo. Así, la calorimetría consiste en medir el calor que se produce en una reacción química o cambio de estado. Aplicado de forma indirecta, la calorimetría es una prueba que nos permite conocer el porcentaje de hidratos de carbono o grasa que una persona consume a determinadas intensidades de ejercicio.

Conocer el gasto energético de un deportista y la “composición” de ese gasto puede tener una gran importancia para la nutrición y el diseño de su actividad física. Nuestro cuerpo quema calorías (consume energía) y a distintas intensidades de ejercicio echará mano de alguna de las tres fuentes (hidratos de carbono, grasas y, en menor medida, proteínas) en distinta proporción.

Al conocer mediante una calorimetría del consumo relativo de grasas y de hidratos a una determinada intensidad y duración del ejercicio, el nutricionista podrá establecer una dieta de deportista que optimice el rendimiento y se base en los requerimientos de hidratos y grasas que se van a producir durante una determinada prueba.

Un bajo porcentaje de grasa corporal para rendir más, ¿o no?

Como explica el doctor Juan de Dios Beas, asesor de calidad de los servicios de medicina del deporte de Clínicas Beiman, la información que proporciona una calorimetría es especialmente útil en la preparación de pruebas de larga duración o con etapas sucesivas, pues permite “llenar los depósitos” evitando déficits o excesos. “Esto puede ser determinante en deportes como los de ultrarresistencia o en el ciclismo por etapas”, señala el doctor Beas.

Juan de Dios Beas añade que la calorimetría indirecta tiene una aplicación genérica para deportistas y otra muy interesante para controlar el peso corporal. “Nos permite indicarle a cada persona la intensidad de ejercicio a la que consume predominantemente grasas”, comenta el doctor.

Así, en intensidades bajas el organismo puede consumir predominantemente grasas, “lo que es muy eficaz para perder peso graso sin agotar los depósitos de hidratos de carbono y por tanto sin provocar hambre”.

El doctor Beas pone un ejemplo: “Está el típico caso de la persona que todos los días hace ejercicio y no consigue adelgazar porque, al realizarlo a una intensidad inadecuada, consume muchos hidratos de carbono y pocas grasas, pierde poco peso y tiene hambre por lo que come más de lo necesario y no adelgaza”.

“Cuando haces esfuerzo intenso y consumes principalmente hidratos de carbono, se ponen en marcha medidas compensatorias que producen hambre, se libera insulina, glucagón… En cambio, si consumes grasa no tienes esa sensación”, concluye el doctor Beas.

¿Cómo se realiza una calorimetría?

La calorimetría directa permite cuantificar la energía que genera nuestro cuerpo durante las fases de reposo y de esfuerzo. Se basa en la idea de que toda la energía que generamos se transforma en trabajo o calor. Ahora bien, la calorimetría directa tiene un inconveniente casi insalvable: requiere introducir a la persona en una campana que mide la temperatura muy rigurosamente, y constatar mediante proceso técnico complejísimo cuántas calorías está quemando. Esto, señala el doctor Beas, es muy caro, se usa para investigación y no está disponible para el público general, y mucho menos para medir el gasto energético durante la práctica deportiva.

En cambio, la calorimetría indirecta solventa estos inconvenientes mediante la aplicación al análisis de gases de una serie de parámetros matemáticos. La calorimetría es una prueba que se realiza a través de una prueba de esfuerzo con análisis de gases.

El ergospirómetro permite medir el índice metabólico determinando el consumo de oxígeno y la producción de dióxido de carbono a determinadas intensidades de ejercicio. A continuación, expertos en fisiología del ejercicio, como el Dr. Ramón Antonio Centeno Prada, a los resultados de la prueba, les aplican una fórmula matemática que tiene en cuenta género, talla, edad y consumo metabólico basal, que es la cantidad de energía que consumimos en realizar las funciones vitales básicas.Dicho algoritmo, al analizar las diferentes etapas de la prueba, permite proporcionar al deportista los datos concretos del consumo de grasas o hidratos de carbono, en cada intensidad de ejercicio.

Muchos centros especializados en medicina del deporte como Clínicas Beiman disponen de analizadores de gases que pueden realizar esta prueba. Con los resultados de la prueba, el nutricionista podrá calcular el gasto de hidratos de carbono de un deportista durante una prueba, y hacer una dieta ajustada para no pasarse o que haya déficit.

Más allá de su uso en el deporte de élite, la aplicación al deporte-salud de esta técnica de medicina del deporte de élite puede permitir a una persona con sobrepeso conocer a qué nivel de ejercicio gasta, por ejemplo, 80% de grasa y 20% de hidratos.

De esta forma, podrás ajustar la intensidad del ejercicio para que la fuente de la energía que consumes sea la que más te conviene, y coordinar ese parámetro con la dieta puede ser determinante para que el ejercicio que realizas produzca los resultados que estás esperando.

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Calorimetría: así es la prueba para saber cuánta grasa y cuántos hidratos quemas al hacer ejercicio
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Néstor Cenizo

Periodista. Trabajó en las secciones de Política y Deportes de El País, y, desde hace tres años, forma parte del equipo de eldiario.es.

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