Numerosos expertos consideran a la sarcopenia como la epidemia del siglo XXI por su prevalencia en la población, especialmente en la de mayor edad. Este término proviene del griego sarkos (carne, músculo) y penia (pérdida, desgaste, reducción). Es decir, sarcopenia hace referencia a la pérdida involuntaria de masa muscular. Sus consecuencias son dramáticas para los afectados ya que sufrir sarcopenia implica una pérdida de autonomía, menor movilidad y mayor riesgo de mortalidad.

La prevención es fundamental en este sentido. Hoy sólo está comprobado científicamente que la actividad física y una buena alimentación pueden paliar o reducir sus efectos. Hemos hablado con diferentes profesiones del ámbito del deporte y de la geriatría para conocer más de cerca la sarcopenia y cómo podemos prevenirla y combatirla.

Qué es la sarcopenia

La sarcopenia se caracteriza por la pérdida de masa muscular y, en consecuencia, de fuerza. Muchos consideran que esta patología va ligada a la edad pero no tiene por qué ser así: “Yo no hablaría tanto de envejecimiento sino del estilo de vida que uno ha llevado durante su vida. Una persona de setenta años puede ser joven hoy en día”, resalta el investigador y catedrático de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad Europea de Madrid Alejandro Lucía.

Alfonso J. Cruz Jentoft, Jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal, explica que en el apartado de prevención de la sarcopenia intervienen varios factores: los genes, el género (los hombres tienen más masa muscular por naturaleza) y la actividad física: “Es importante de joven el ejercicio que se realice, aunque uno a esas edades no piensa qué le va a ocurrir a los setenta años. Pero si en vez de tener discapacidad a los 75 la tienes a los 85, pues mejor”.

«Yo no hablaría tanto de envejecimiento sino del estilo de vida que uno ha llevado durante su vida. Una persona de setenta años puede ser joven hoy en día»

Es muy relevante lo que hagamos de jóvenes porque una persona va ganando masa muscular hasta los treinta años. Es decir, mientras más tengamos, partimos de un punto más alto para evitar la sarcopenia. A partir de entonces, comienza un proceso de pérdida funcional que será mayor o menor según diversos factores, según el geriatra: la actividad física (llevar una vida activa), el ejercicio físico (fuerza/resistencia), las enfermedades o lesiones graves y la nutrición. Las personas que hagan hincapié en los puntos que estén en su mano, claro está, podrán retrasar la aparición de la sarcopenia.

Esta enfermedad se puede clasificar en aguda o crónica. La primera es la que se produce poco a poco y la segunda es aquella que viene derivada de un problema o enfermedad aguda. Si se precisa además de un periodo de inmovilización, la situación puede ser devastadora en personas mayores porque la pérdida de masa muscular a estas edades se multiplica exponencialmente. En cuanto a géneros, los expertos consideran que no hay diferencias.

Sarcopenia: Cómo se diagnostica

Diagnosticar la sarcopenia es fundamental para comenzar a trabajar frente a ella. Este diagnóstico recae en manos de los profesionales sanitarios especializados. El geriatra Alfonso J. Cruz subraya que hay dos modos de saber si una persona tiene esta patología: midiendo la fuerza del músculo con un dinamómetro (instrumento para medir fuerzas) y evaluando la masa muscular con una bioimpedancia. “Si se ve que la fuerza está baja y la masa también, decimos que esa persona sufre sarcopenia”. Por su parte, Alejandro Lucía indica que otra manera práctica de saber si se padece esta enfermedad es cuando “la capacidad de caminar del paciente se acerca a un metro por segundo o por debajo de esta velocidad”.

Problemas, prevención y tratamiento

“Uno se hace verdaderamente mayor cuando empieza a ser físicamente dependiente”, comienza explicando el experto Alejandro Lucía. La pérdida de independencia (dificultad para caminar, para levantarse, coger peso…) es una de las primeras consecuencias de sufrir sarcopenia pero no la única: “Mayor riesgo de caída, de enfermedades e incluso de muerte”, son otros efectos reseñables.

Como hemos dicho, la prevención es fundamental, especialmente para evitar que la enfermedad se convierta en muy acelerada, lo que puede hacer que se entre en un punto sin retorno. Por ello, el trabajo que se realice antes de su aparición e incluso en las primeras fases de la misma es de vital importancia: “Cuando no es muy severa se pueden atenuar sus efectos. No revertirla por completo ni hacerla desaparecer, pero sí disminuir sus consecuencias”, expresa el profesor de la Universidad Europa de Madrid.

La pérdida de independencia (dificultad para caminar, para levantarse, coger peso…) es una de las primeras consecuencias de sufrir sarcopenia pero no la única

En este punto, la necesidad de un trabajo interdisciplinar es fundamental: hay que indicar al paciente qué debe comer, qué ejercicio debe realizar y qué trabajo complementario hacer. Y todo ello sólo se puede lograr con el trabajo conjunto de profesionales especializados: geriatras, fisioterapeutas, preparadores físicos, nutricionistas…

Leocadio Rodríguez Mañas, Jefe de Servicio de Geriatría del Hospital Universitario de Getafe, destaca que la indicación sobre las pautas a seguir por el paciente deberían corresponder al médico, “el profesional capaz de integrar toda la información”. Sin embargo, la prescripción de ejercicio físico debe ser realizada de manera conjunta entre el médico y el experto en actividad física.

La figura del preparador físico

Lamberto Conde es licenciado en Ciencias del Deporte, responsable del Área de Entrenamiento y Salud de Clínicas Beiman y Dogesport. Conde resalta que en las personas mayores, que son las que más sufren sarcopenia, es muy importante el trabajo individual. No obstante y, de manera genérica, indica que en estos pacientes “es importantísimo el desarrollo de la ganancia de la fuerza”. Otros aspectos en los que se deben incidir son el trabajo cardiovascular, de coordinación, de agilidad y de equilibrio.

En estos pacientes, el desarrollo de la ganancia de la fuerza es importantísimo

Determinar qué ejercicios deben hacer las personas que sufren sarcopenia y/o tienen riesgo de ello es complicado. Sin embargo, Conde comenta que son interesantes los de fuerza con trabajo con gomas elásticas. También las caminatas y actividades tan simples como subir y bajar escaleras y levantarse y sentarse en la silla adecuadamente. Con todo ello, Conde no tiene duda de que podemos “mejorar la calidad de vida objetiva”. Y es que en edades avanzadas lo importante es “que esa persona sea capaz de hacer por sí sola el máximo de tareas posibles sin necesidad de una dependencia diaria”.

La labor del fisioterapeuta

Junto al preparador físico, el fisioterapeuta es otro de los profesionales de la salud adecuados para la prescripción del ejercicio terapeútico, es decir, aquel destinado a mejorar la calidad de vida de las personas.

Referente a la sarcopenia, “la fisioterapia lo hace todo: la previene a través del ejercicio terapéutico, la reduce a través del ejercicio resistido (de fuerza) y la controla con un plan de fisioterapia de mantenimiento”, explica Asier Arrizabalaga, coordinador del grupo de trabajo de fisioterapia de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

Entre otras capacidades, estos profesionales también buscan mantener y mejorar la capacidad ventilatoria, el equilibrio dinámico y la capacidad aeróbica de los pacientes. Esto se consigue mediante la terapia manual (masajes), la reeducación postural, la electroterapia… Por todo ello, es muy importante que los fisioterapeutas tengan una formación específica en el campo de la geriatría.

Sarcopenia: La importancia de la nutrición

Una alimentación adecuada es indispensable para reducir la incidencia de sarcopenia en edades avanzadas. En estos casos también es muy importante la individualización aunque, de modo genérico, se puede apuntar que en las personas mayores “los nutrientes más importantes son las proteínas”. Esto es debido al proceso natural de pérdida de masa muscular, de fuerza y al sedentarismo, lo que provoca que las demandas proteicas sean mayores, según determina la Fundación Española de Nutrición (FEN).

Este organismo recomienda la ingesta de entre 1 y 1,2 kilogramos (kg) de proteínas por kg de peso. No es bueno quedarse por debajo de esa cifra pero tampoco pasarse porque podríamos provocar problemas renales. La FEN señala que “este aporte proteico debería contener todos los aminoácidos esenciales y debería realizarse a través de la dieta”.

Otros nutrientes necesarios para actuar contra la sarcopenia son “el metabolito de la leucina (el HMB, un aminoácido esencial), la creatina, los antioxidantes, los ácidos omega 3 y minerales como el selenio, el magnesio y el calcio”.

Aceite de oliva, cereales integrales, verduras, frutos secos o pescados son algunos ejemplos de alimentos que pueden aportar estos nutrientes. La mayor parte de ellos forman parte de la dieta mediterránea, un tipo de dieta que la FEN destaca como útil para disminuir la incidencia de la sarcopenia. En el otro extremo están los “alimentos ricos en grasas, azúcares, sal y los de baja densidad de nutrientes”. Esto es debido a que estos alimentos pueden aumentar el porcentaje graso, lo que favorecería la pérdida de masa muscular.

La sarcopenia en personas encamadas

Un tipo de paciente singular es el que está encamado. La falta de movilidad en edades avanzadas acelera la sarcopenia, por lo que nos encontramos ante una situación crítica: “El síndrome de inmovilidad es uno de los ‘gigantes de la geriatría’”, reflexiona el fisioterapeuta Asier Arrizabalaga.

Los expertos recuerdan que en estos casos, siempre que la enfermedad lo permita, se deben realizar la mayor cantidad de ejercicios con el objetivo de lograr que sean lo más independientes posibles. Arrizabalaga recuerda que la fisioterapia es muy útil en este campo porque puede ayudar a revertir los efectos del encamamiento como pueden ser las escaras (piel dañada por presión). También, realizando ciertos ejercicios, pueden ayudar a mejorar la capacidad respiratoria, el equilibrio, reducir la sarcopenia…

Proyecto Vivifrail

El geriatra Alfonso J. Cruz indica que a día de hoy “no hay medicamentos que funcionen para la sarcopenia”. Solo nos queda el trabajo físico y nutricional para evitar o revertir los efectos de esta enfermedad. Por ello, algunos investigadores han ideado iniciativas tan interesantes como el Proyecto Vivifrail, dirigido a ancianos, cuidadores y personas relacionadas con la geriatría, y que promulga la realización de sencillos ejercicios en el ámbito doméstico para llevar una vida activa con indiferencia de la edad.

El objetivo último, como siempre, es mejorar la calidad de vida ya que cada vez está más claro que lo que importa no es cuánto tiempo se vive sino la calidad del tiempo que nos toca vivir.

Antonio Alvarez Lovillo

Deportista ocasional y periodista permanente. Apasionado de estas dos temáticas, en todas sus vertientes. Me gusta contar historias y hazañas. Y en el deporte es donde más ocurren. Buscando siempre la noticia y el proporcionar información útil, ya sea en radio, televisión, prensa o digital.

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