La carrera a pie se ha convertido en la última década en un deporte muy popular. Decenas de miles de corredores han empezado a practicarlo, casi de un día para otro, y esto, que a priori es positivo porque mejora la salud y el bienestar de las personas, también ha provocado algunos problemas derivados de una insuficiente preparación. Ya te hemos contado aquí lo importante que es elegir bien las zapatillas para correr, y hoy queremos hablarte de una moda que alcanzó su pico hace unos años, pero que aún persiste. Se trata del minimalismo, que algunos llevan incluso al extremo de correr descalzo (el llamado barefoot).

Según Guillermo Lafuente, podólogo en Clínicas Beiman, experto en biomecánica y profesor en la Universidad de Sevilla, el minimalismo al correr o el uso de zapatillas minimalistas llegó a alcanzar una cuota de mercado del 15%, y ahora podría rondar el 11%. Hubo un momento en el que muchos querían correr con esas zapatillas de suela fina, sin pararse a pensar si su pie y el resto de su cuerpo estaban preparados para ello.

En esto influyeron algunos precedentes que conferían a correr descalzo (o casi descalzo) un halo casi místico. Se citaba, por ejemplo, a Abebe Bikila entrando así en la meta de la maratón de Roma 1960. La moda de las zapatillas con suela muy fina se generó especialmente a partir del libro Nacidos para correr (Christopher McDougall, 2011), donde se explicaba ampliamente el extraordinario caso de los indios tarahumara.

Los tarahumara (o rarámuri) viven en la Sierra Madre mejicana, y de un día para otro se hicieron famosos porque eran capaces de correr distancias superiores a los 100 kilómetros de forma natural, sin aparente esfuerzo y calzando apenas unas finísimas sandalias con suela de hule, las «huaraches». Muy pronto, la industria del calzado deportivo vio el filón: de repente, todos podían correr con suela fina. Pero esto no es así.

Minimalismo y correr descalzo: hay que estar muy preparado

«Del minimalismo algunos hemos sido muy críticos», responde el doctor Guillermo Lafuente, que sin embargo también ve aspectos positivos. «Hemos aprendido técnicas de carrera. Hace unos años la carrera era de zancada larga y del minimalismo hemos aprendido que se corre muy vertical, en una carrera con zancada menos larga que aumenta la frecuencia», ilustra.

Sin embargo, es necesario individualizar. Cada pie y cada pisada son distintos, y no todos pueden apuntarse al minimalismo. En el minimalismo «se corre bonito», resalta el doctor, «pero hay que estar muy preparado». «Por nuestros hábitos de vida, hemos ido perdiendo facultades, y si tienes la piel de la planta del pie fina y la musculatura medio atrofiada porque no la utilizas mucho y te pones a correr así, morirás en el intento», advierte el doctor. Por eso, muchos que no reúnen las condiciones acaban volviendo al sistema convencional, a veces previa lesión.

«Para mucha gente las zapatillas finas han supuesto ventajas y para otros inconvenientes», añade Blanca Lafuente, podóloga de Clínicas Beiman y experta en estudios de la pisada, antes de añadir que «no existe nada para todo el mundo». «Es cierto que hay gente que tiene mucha sobrecarga de gemelos y de tendones de Aquiles y mejora con esa técnica, porque trabajas la musculatura en excéntrico y eso es menos inflamatorio. Pero eso no significa que sirva para todos», señala Lafuente.

Los dos expertos creen que en la popularidad de estas zapatillas ha influido la apuesta que realizaron las grandes marcas de calzado deportivo. «Ha habido un aprovechamiento mediático y comercial de lo de las zapatillas minimalistas. Sobre todo al principio, porque había un par de marcas y era un gran negocio», denuncia el doctor. La experta añade que la industria está presente en los foros de internet, donde se retroalimentan pautas de calzado que repercuten negativamente en la salud del deportista. Esto pudo influir en el surgimiento de una moda que apareció de un día para otro.

En todo caso, ella recomienda que antes de usar unas zapatillas finas se consulte a un especialista y se planifique un trabajo de adaptación. «El problema no sólo radica en la elección de un zapato, sino también en la preparación que has llevado a cabo. Siempre se va a lesionar quien empieza sin ningún tipo de apoyo de fisioterapeutas, podólogos y sus estudios de pisada y biomecánica, o preparadores físicos, que quien siempre ha hecho deporte y decide cambiar de práctica».

¿Y correr descalzo?

Blanca Lafuente advierte de que, aunque a veces haya recomendado correr con zapatillas finas, «recomendar correr descalzo me cuesta más trabajo, porque aumenta el riesgo de lesión». Y es que en la discusión científica sobre cuál es el calzado más adecuado para correr tiene también eco la teoría que dice que el mejor calzado es ninguno. Esta tesis parte del hecho de que durante gran parte de su evolución el hombre ha caminado y corrido descalzo, de modo que el pie se ha configurado para ello a lo largo de cientos de miles de años.

Las principales aportaciones académicas a esta teoría las realizó un equipo de profesores de biología humana liderados por Daniel Lieberman, de la Universidad de Harvard, que en 2010 publicó un famoso artículo en Nature. El artículo se titula Las pautas de pisada y las fuerzas de colisión habituales en los corredores descalzos versus los corredores calzados, y en él se explica que el hecho de correr descalzos cambia radicalmente los patrones de apoyo. De aterrizar de talón se pasa a aterrizar con la parte media o frontal del pie, reduciéndose el impacto y los problemas que genera.

Para valorar esta tesis, el doctor Lafuente cuenta una anécdota. Hace unos años participó en un congreso de podología y deporte un corredor que había pasado de correr medias maratones «a duras penas» a hacer ultratrails. Decía que el cambio estaba en que se había pasado al minimalismo. Sin embargo, el experto resalta que también había pasado de 120 a 80 kilos, y que fue eso lo que le permitió adaptar técnicas de pie libre, que a él le funcionaban mejor. Esto a su vez había aumentado su motivación. «En este caso funcionaba, porque el hombre tenía condiciones», explica el doctor.

Por eso, Guillermo Lafuente es tan partidario de la individualización: «Hay que relacionar su pie con su actividad, su terreno, su calzado, su modalidad deportiva… Todos esos parámetros hay que intentar integrarlos». De la misma forma, antes de variar el tipo de calzado que usas o tus pautas de carrera conviene consultar a los expertos, porque el cambio y su adaptación genera problemas. «Yo siempre digo que puedes alcanzar lo que quieras, pero tienes que usar recursos, por ti solo no lo vas a conseguir», concluye Blanca Lafuente.

Néstor Cenizo

Periodista. Trabajó en las secciones de Política y Deportes de El País, y, desde hace tres años, forma parte del equipo de eldiario.es.

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