Rafael Nadal, el mejor deportista español de todos los tiempos, acaba de ganar su undécimo torneo de Roland Garros a la edad de 32 años. Lo ha conseguido después de vencer otra temporada más a uno de los principales rivales a los que se ha enfrentado durante su carrera deportiva: las lesiones de rodilla.

Aunque el tenista fue un talento precoz, su historia pudo haber cambiado de forma drástica en 2004, cuando sufrió una fractura por sobrecarga en el pie izquierdo. Esa lesión en el hueso escafoides evolucionó hacia una artrosis que le provocaba un dolor persistente, diagnosticada entonces como enfermedad de Müller-Weiss. Ya entonces, el deportista inició un tratamiento con plantillas para variar de forma leve sus apoyos y reconducir su dolencia.

Las lesión que pudo haber acabado con la carrera de Nadal

En 2005, de nuevo un mal gesto en la final del Torneo de Madrid dejó KO al tenista. Lo hizo hasta tal punto que pudo suponer el fin de su carrera. Rafa tuvo que llevar a cabo un programa físico muy exhaustivo para proteger esas zonas de carga y el tratamiento con plantillas fue aún más radical. Este tratamiento acabó descompensando otras partes de su fisonomía y derivó en sus famosas lesiones de rodilla.

Las plantillas derivaron un mayor peso del cuerpo del deportista en los tendones rotulianos, fundamentales en el movimiento de freno en carrera y cambio de dirección, acciones muy repetidas en un deporte tan agresivo como es el tenis. Desde entonces, las tendinopatías de rodilla, una lesión dolorosa y limitante, han acompañado a Nadal de forma crónica.

Nadal lesiones

Las rodillas de Nadal: tendinopatías crónicas

En 2008, el mallorquín tuvo que renunciar a la Masters Cup por una tendinitis en la inserción del tendón del cuádriceps. El mismo motivo le lleva a declinar ser parte del equipo español que lucha por la Copa Davis contra Argentina. Fueron dos decisiones muy duras para él después de una temporada espectacular en la que se hizo, entre otros triunfos, con el oro olímpico en Pekín, Wimbledon y Roland Garros.

Más significativo fue lo ocurrido en 2009, cuando Nadal cayó derrotado en Roland Garros por primera vez desde 2005. Se le diagnosticó una tendinitis en el tendón cuadricipital de ambas rodillas, lesión que le obligó a parar durante varios meses. Un año después, las rodillas también le obligaron a abandonar en el torneo de Australia, aunque tras un descanso de tres meses, pudo rehacerse y volver a reinar en los grand slam.

Las rodillas de Nadal: el síndrome de Hoffa

Otro capítulo importante en las lesiones de Rafa Nadal abarca 2012. Tras ser vencido en Wimbledon por el checo Rosol, los especialistas le diagnostican una lesión poco conocida: la enfermedad o síndrome de Hoffa. Es una dolencia crónica originada por repetidos microtraumatismos en la rodilla, es decir, por los sobreesfuerzos realizados.

La enfermedad de Hoffa se produce por una inflamación del tejido graso situado en la parte posterior del tendón rotuliano y debajo de la rótula. Como consecuencia Nadal afrontó siete meses de parón, interrupción que le hizo renunciar a los Juegos Olímpicos de Londres, en los que iba a ser abanderado español.

Las rodillas de Nadal: plasma rico en factores de crecimiento

Nadal ya trabajaba con los tratamientos más innovadores desde principios de la década. Así saltaron a los medios de comunicación sus tratamientos con plasma rico en factores de crecimiento.

Los factores son un conjunto de proteínas que están presentes en el plasma sanguíneo y en nuestras plaquetas y que son fundamentales para la regeneración de los tejidos. Tras extraerse del propio paciente y aislarse, el tratamiento con factores de crecimiento desencadena procesos para reducir la inflamación, iniciar la formación de tejido nuevo, y fomentar la cicatrización y la reparación de tejidos.

Factores de crecimiento en medicina deportiva: hacia una recuperación más rápida de lesiones

Rafael Nadal: “A veces uno arriesga demasiado a nivel físico”

Año 2014. Los tendones del tenista siguen dañados pero sus lesiones se han mitigado. Diversos cambios han influido en ello. “A veces uno arriesga demasiado a nivel físico”, explicaba recientemente Nadal en una entrevista. Este ha sido el primer hecho que se ha modificado. El descanso entre torneos se ha convertido en esencial para ayudar a la recuperación de su cuerpo y, en especial, de sus rodillas.

Las competiciones en hierba y cemento son muy exigentes para los tenistas. El juego agresivo de Nadal le provoca un sufrimiento extra y ha tenido que trabajar en cambiarlo. Así, ha potenciado el entrenamiento para lograr puntos más rápidos, por ejemplo, con una gran mejora en el servicio a lo largo de los últimos años.

Nadal es consciente de que la exigencia del máximo nivel profesional tendrá una repercusión para él en el futuro: “He llevado mi cuerpo muchas veces al límite y sé que tendré secuelas  a nivel de rodilla, de pies, articulaciones, cadera…”. Su problemática sigue estando ahí. Un ejemplo lo vimos a finales de la temporada pasada, cuando se le vio de nuevo con un vendaje en el tendón rotuliano que hacía años que no utilizaba. Él mismo confirmó dolencias en esta zona que le forzaron a retirarse de la Copa de Maestros.

No obstante, el descanso, el entrenamiento, la rehabilitación y el fortalecimiento de las rodillas han permitido a Rafa Nadal mantener un nivel extraordinario y son muchos los que se preguntan cuál habría sido la dimensión de su ya extraordinaria carrera deportiva si no hubiera tenido que jugar, temporada tras temporada, con el terrible adversario que representan las lesiones.

 

Las rodillas de Rafa Nadal: el triunfo más difícil del campeón
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Antonio Alvarez Lovillo

Deportista ocasional y periodista permanente. Apasionado de estas dos temáticas, en todas sus vertientes. Me gusta contar historias y hazañas. Y en el deporte es donde más ocurren. Buscando siempre la noticia y el proporcionar información útil, ya sea en radio, televisión, prensa o digital.

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