Numerosos estudios avalan la práctica de ejercicio físico como un medio eficaz para luchar contra el cáncer. Uno de los más relevantes determinó que hacer ejercicio físico reduce el riesgo de desarrollar hasta 13 tipos de cáncer, entre los que se encuentran el de pulmón, el de estómago, el de colón, el de vejiga o el de mama (ver más). En España, hay que destacar el elaborado por el Grupo GEICAM de Investigación en Cáncer de Mama. El principal resultado fue que las mujeres que no realizaban ejercicio físico presentaban hasta un 71% más de riesgo de desarrollar el cáncer de mama. El ejercicio físico es importante en la prevención de esta patología pero también durante el tratamiento y después de éste. Los expertos trabajan para crear conciencia de que hay que perder el miedo a realizar actividad física cuando se padece cáncer.

Elena Sarabia, coordinadora del grado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en Cardenal Spínola CEU y colaboradora de Clínicas Beiman, recuerda que el ejercicio físico en sí no cura. No obstante, aclara que “mejora la respuesta del organismo ante posibles enfermedades. En el caso del cáncer pasa exactamente lo mismo”.

La propia OMS fija en 150 minutos a la semana el tiempo recomendado para realizar actividad física y obtener los beneficios que conlleva. Éste es el punto de partida: “El ejercicio físico que se realiza de forma pautado, planificado, orientado para mejorar la salud y de manera regular se ha demostrado que mejora la calidad de vida y disminuye el riesgo de padecer cáncer”, indica Soraya Casla, especialista en ejercicio físico y cáncer de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC).

Haber realizado actividad física antes de caer enfermo es vital a la hora de enfrentarse a esta dura enfermedad: “El cáncer va a mermar la condición física y el estado de salud del paciente. Cuanto mayor sea el estado físico a la hora de afrontar el cáncer, mejor será”, subraya Sarabia.

Beneficios del ejercicio físico durante el tratamiento del cáncer

A grandes rasgos, se puede hablar de dos importantes beneficios del ejercicio físico cuando se está recibiendo tratamiento contra el cáncer. Por un lado, mitiga los efectos secundarios de la medicación; por otro, ayuda a evitar la pérdida de masa muscular. Alejandro Lucía es doctor en Medicina, catedrático de Fisiología Humana del Ejercicio en la Universidad Europea de Madrid y premio Nacional de Investigación en Medicina del Deporte 2016. Para él, “hacer ejercicio durante el tratamiento atenúa los efectos secundarios de éste e incluso del propio cáncer como la fatiga, la sensación de debilidad, la pérdida de masa muscular o el estado de ánimo”. En definitiva, favorece a sobrellevar mejor el tratamiento.

El doctor Lucía habla de fuertes evidencias cuando se refiere a la influencia del ejercicio físico. Por ejemplo, favorece el aumento de las células Natural Killer (NK) en nuestro organismo. Estas células son las encargadas de destruir las cancerígenas. Una especie de primera línea de defensa contra los tumores y agentes externos que invaden nuestro cuerpo. Eso sí, aún pide “prudencia”, porque queda mucho por investigar.

El otro gran beneficio del ejercicio físico en personas con cáncer tiene que ver con la masa muscular, vital en el tratamiento. Elena Sarabia señala que, dependiendo de la cantidad de masa muscular que una persona tenga, “soportará mejor o no el tratamiento”. Así, se puede afirmar que “la capacidad de la tolerancia de una persona a la quimioterapia es directamente proporcional a la cantidad de masa muscular que tiene una persona”.

El músculo cumple una misión fundamental en nuestro organismo. Entre otras funciones, es responsable de la metabolización de nutrientes y participa en la liberación de hormonas. Por esto, “las posibilidades de supervivencia disminuyen cuando el paciente oncológico tiene poca masa muscular”, apunta Sarabia. El doctor Lucía explica que el deterioro de la masa muscular se produce por la medicación y porque el paciente no se mueve, por lo que hay que trabajar buscando evitar en lo máximo posible la pérdida de la musculatura.

Ejercicio físico y cáncer: ¿Qué deporte hacer?

“No hay motivo para que una persona con cáncer no deba cumplir las recomendaciones mínimas de actividad física pautadas para la población”, subraya Alejandro Lucía. El doctor alude a los 150 minutos indicados desde la OMS.

Ahora bien, ¿cuál es el ejercicio idóneo para estos pacientes? “Creo que no hay una sola actividad que dé en los pacientes el 100% de los los cambios que necesita”, aclara la especialista de la AECC, Soraya Casla. Casla recuerda que cada paciente es distinto según el tipo de cáncer que tenga, su gravedad, cómo responde su organismo, si se ha sometido a cirugía… Por ello, incide en la individualización para lograr los fines propuestos.

A pesar de ello, hay una serie de pautas a seguir. Primero, Elena Sarabia señala que “la actividad física tiene que ser acorde al estado de la persona. Pero aunque sean dosis muy pequeñas, hay que hacer algo porque mientras menos se hace, menos va a querer el cuerpo”. El doctor Alejandro Lucía pone su foco en las actividades de fuerza: “Son ejercicios muy buenos, requieren poco tiempo y se obtienen ganancias muy rápido”.

La última opinión la aporta Soraya Casla: “Los programas de ejercicios de la AECC son muy variados, desde circuitos de fuerzas con máquinas hasta con gomas, salimos a los parques, hacemos diferentes tipos de actividades colectivas, ejercicios en sillas para que ellos lo puedan hacer en casa…”.

Un programa pionero de la AECC

Casla es la encargada de coordinar un programa piloto en la AECC centrado en el ejercicio físico en el paciente oncológico. Se desarrolla en Madrid y confía en que se pueda extender a toda España. Pero el primer paso es “establecer muy bien los protocolos de actuación”.

Detrás de este programa hay un trabajo multidisciplinar que se inicia con la recomendación de hacer ejercicio físico del médico. Posteriormente, se evalúa al paciente oncológico para conocer su capacidad cardiovascular, composición corporal y la fuerza máxima. Casla aclara que estas mediciones les sirven “para definir qué efectos secundarios tienen, que le limita en el día a día y para establecer el nivel de ejercicio físico y la cantidad que necesita cada uno”.

A partir de ahí, se inicia un programa de doce semanas totalmente personalizado, supervisado e individualizado. El último paso es otra medición para ver la evolución del paciente. Además, se le hace entrega de unas recomendaciones muy personalizadas y variables para que continúe con la actividad fuera de la institución.

Los pacientes susceptibles de participar en este programa son aquellos que están en tratamiento o lo acaban de terminar y presentan unos efectos secundarios muy agudos. Los objetivos durante las doce semanas son recuperar la masa muscular, la capacidad cardiovascular o prevenir la cardiotoxicidad (efecto en el corazón inducido por la quimioterapia).

“Estamos devolviendo la normalidad al paciente para que pueda ir después a cualquier otro centro y sepa qué debe o no hacer. También, para que disponga de los recursos necesarios una vez salga del centro”, explica Soraya Casla. Todo ello lo realiza con un grupo de trabajo en el que están el médico especialista, fisioterapeutas especializados y psicooncólogos: “Mientras más multidisciplinar sea el trabajo, mejor”.

Deporte y cáncer: la importancia de crear el hábito

Hacer ejercicio físico es importante antes, durante y, por supuesto, después del tratamiento. Por ello, es importante crear un hábito de vida en el que el ejercicio tenga un papel relevante. El inicio de esta nueva vida parte desde la propia voluntad del paciente. Y normalmente, éste es consciente de la trascendencia de la actividad física nada más que empieza a obtener sus beneficios: “En el momento que la persona comienza a sentirse mejor, ahí está el cambio de mentalidad”, aclara Elena Sarabia. Porque además, asegura que va a notar esas mejoras: “Con el ejercicio físico se liberan hormonas como la endorfina, también tiene un efecto analgésico para el dolor, va a descansar mejor y soportar mejor la quimioterapia…”.

Tanto Elena Sarabia como Soraya Casla apuntan al factor psicológico en estos momentos como vital para ‘vencer’ a los momentos de debilidad. Pero no solo recae en los psicólogos el poder hacer salir de la cama a los pacientes: “El programa de ejercicio físico tiene que estar adaptado para que la persona pueda superarlos y que no se desmotive”, apunta Sarabia.

La importancia del ejercicio tras el cáncer

El ejercicio físico minimiza la incidencia de la tríada tóxica del cáncer: obesidad, baja condición física e inactividad. En muchos casos, los problemas para el paciente no lo provoca el cáncer en sí sino alguna enfermedad derivada como la cardiovascular, proveniente de una vida sedentaria.

El doctor Alejandro Lucía defiende incluso la prescripción de ejercicio físico desde el ámbito sanitario para empezar a obtener los beneficios señalados: “No es tan difícil. Hay que perderle el miedo al ejercicio”, resume. Para él, “el enfermo de cáncer no es una población complicada o de riesgo para el ejercicio”. Sí hace un inciso en apuntar “que el médico y la persona que nos entrene tiene que conocer la idiosincrasia de cada tumor”.
Afortunadamente, se está produciendo un cambio de mentalidad en los profesionales sanitarios: “Ya en los grandes congresos de oncología se habla de ejercicio físico”, explica Soraya Casla que eso sí, termina recordando que “aún queda mucho por hacer”.

La última receta contra el Parkinson: ejercicio de alta intensidad

Antonio Alvarez Lovillo

Deportista ocasional y periodista permanente. Apasionado de estas dos temáticas, en todas sus vertientes. Me gusta contar historias y hazañas. Y en el deporte es donde más ocurren. Buscando siempre la noticia y el proporcionar información útil, ya sea en radio, televisión, prensa o digital.

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