Para las personas sedentarias, lanzarse a la piscina al amanecer, correr cada día unos kilómetros, no fallar en las clases del gimnasio o cruzar la línea de meta de un triatlón son rutinas incomprensibles por la disciplina, la fuerza de voluntad y el esfuerzo físico que requieren. Para las personas activas, esta forma de vida no solo reporta enormes beneficios en todos los planos de la vida, sino que además, en ocasiones, genera una verdadera explosión emocional, un júbilo que, aunque efímero, engancha como una poderosa droga, y que ha sido descrito como la “euforia del corredor”.

El placer que genera la realización de ejercicio aeróbico durante un tiempo prolongado se estudia desde hace décadas pero aún hoy no existe una certeza absoluta sobre cuáles son las causas, cómo puede llegar a controlarse, o las razones por las que algunas personas pueden sentirla y otras nunca lo harán aunque sean deportistas habituales.

Diversos estudios científicos han demostrado que la realización de actividad física desencadena una respuesta hormonal que permite regular la temperatura corporal, fortalecer los músculos o cambiar el estado de ánimo, pues las hormonas son antidepresivos naturales del cuerpo.

Endorfinas: qué son

Tradicionalmente, estos cambios en el estado de ánimo bajo actividad física se han relacionado con la generación de endorfinas. Estos neurotransmisores, producidos por el sistema nervioso central, son producidos por nuestro cuerpo de forma natural y producen efectos similares al opio, favoreciendo la sensación de placer y disminuyendo la fatiga. Por eso, se denominan “hormonas opiáceas”, o hormonas de la felicidad.

Las investigaciones sobre endorfinas y deporte chocaron durante décadas con la imposibilidad de saber con exactitud la variación de los niveles de endorfinas hacia el cerebro antes y después del ejercicio. Por eso, solo fueron hipótesis bien fundadas hasta que en 2008, cuando el investigador de la Universidad de Bonn (Alemania) Henning Boecker confirmó que la creencia popular podía estar avalada por la ciencia.

Endorfinas y deporte

El equipo de Boecker midió los niveles de endorfinas en diez corredores antes y después de una carrera de dos horas usando una avanzada técnica de neurociencia (PET, Positro Emission Tomography) para la medición de la actividad metabólica, y acompañó ese estudio con un test psicológico convencional para analizar su estado anímico. Así, demostró que se generaba un incremento del nivel de endorfinas en las áreas prefrontales, límbica y paralímbica del cerebro, las mismas zonas que se activan cuando una persona está en fase inicial del amor romántico, por ejemplo, o cuando escuchamos una música que nos deleita.

Sin embargo, desde este estudio, han surgido voces discrepantes con atribuir a las endorfinas toda la responsabilidad en la generación del conocido como ‘júbilo del corredor’, al entender que las endorfinas son demasiado grandes como para superar las barreras naturales que protegen el cerebro.

Una investigación de 2015 relaciona la anandamida, un endocanabinoide parecido al canabis que genera el cuerpo de forma natural, con el placer que sentimos al hacer deporte

En 2015, se abrió una nueva línea de investigación se cuando el científico alemán Johannes Fuss publica un estudio en el que señala como responsable del subidón de correr a otro neurotransmisor: la anandamida, un endocanabinoide o canabinoide endógeno parecido a la marihuana que segrega el cuerpo de forma natural, y que también podría explicar la dosis de placer que experimentamos al hacer deporte.

Deporte y cannabis

Fuss llevó a cabo un experimento con ratones con la intención de estudiar los efectos derivados de la euforia del corredor, la reducción de la ansiedad y la desaparición del dolor. Para ello, dividió a los animales en tres grupos: ratones activos, ratones sedentarios y ratones transgénicos inmunes a los efectos de los endocanabinoides. Aquellos que habían corrido en la noria durante horas, teniendo mayores niveles de anandamida, sufrían menor ansiedad y toleraban mejor el dolor. Por el contrario los ratones sedentarios y los transgénicos mantenían sus niveles de estrés y dolor.

Los efectos psicoactivos y analgésicos de los canabinoides endógenos son comparables a los observados tras el consumo de cannabis con la salvedad de que su flujo es mucho menor que cuando se consume la droga y que no tienen los efectos depresivos de aquél, antes al contrario, el ejercicio es recomendado por los médicos a quienes sufren depresión o ansiedad.

Otro estudio que se ha adentrado en la naturaleza del placer que uno experimental al hacer deporte, también de 2015, subraya el papel de otra hormona, la leptina. Esta hormona es responsable de la regulación del hambre y de la generación de la sensación de saciedad en el organismo, favoreciendo el gasto metabólico y calórico.

Leptina: felicidad y deporte

El estudio de la investigadora de la Universidad de Guelph (Canadá) María Fernanda A. Fernandes, publicado en Cell Metabolism, se fundamenta en un planteamiento racional: la práctica deportiva hace que el sistema sanguíneo se llene de esta proteína que envía al cerebro el mensaje de que correr es divertido y placentero porque facilita buscar y encontrar comida. A menos leptina, más hambre, más necesidad de correr y más motivación para hacerlo.

Los investigadores estudiaron ratones normales con otros alterados genéticamente –carecían de una proteína sensible a la leptina, denominada STAT3-. Los primeros corrieron seis kilómetros al día, mientras que los segundos alcanzaron los once kilómetros, aumentando la sensación de recompensa al correr.

Aún con las reservas propias de extrapolar este resultado a humanos, es cierto que, genéticamente disponemos de herramientas necesarias para conseguir alimentos desde el principio de la evolución y que una de ellas es el propio hecho de correr grandes distancias para alcanzar a nuestras presas, saciando así una de nuestras necesidades básicas.

Las investigaciones sobre las endorfinas, la anandamida y la leptina y otras confluyen en un punto: el ejercicio provoca un subidón de hormonas que segregan endocanabinoides, estos irrumpen en el cerebro y generan sensaciones vinculadas con el bienestar. La realización de ejercicio físico, de cualquier intensidad, supone un mayor bienestar para quien lo practica, funciona como antidepresivo y mejora la calidad de vida.

Autora: Carmen Gavira

 

Estudios citados:
The Runner´s High: Opioidergic Mechanisms in the Human Brain, publicado por Cerebral Cortex.
Leptin Suppresses the Rewarding Effects of Running via STAT3 Signaling in Dopamine Neurons, publicado por Cell Metabolism.
Autores: Maria Fernanda A. Fernandes, Dominique Matthys, Cécile Hryhorczuk, Sandeep Sharma, Shabana Mogra, Thierry Alquier, Stephanie Fulton.
A runner’s high depends on cannabinoid receptors in mice, publicado por NCBI (US National Library of Medicine National Institutes of Health) y también en National Academy of Sciences (PNAS). Autores: Fuss, Steinle, Bindila, Auer, Kirchherr, Lutz, Gass.
¿Por qué corremos? Las causas científicas del furor de las maratones. Martín de Ambrosio, Alfredo Ves Losada. Debate.
Lo dice la ciencia: el deporte nos hace más felices
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