Si leemos la frase “los estudios indican que [inserte su frase aquí] no hace que la gente sea más feliz a largo plazo”, da igual que añadamos «la terapia manual (masajes)», «las intervenciones quirúrgicas», » el tratamiento farmacológico» o, incluso, «ganar la lotería», ya que en ninguno de los casos nos aseguraríamos ser mas felices durante los años venideros. Hay numerosos estudios que confirman que las personas sienten una enorme satisfacción en el corto plazo al ganar un premio en la lotería o al ser tratados de su dolor de espalda con algunas de las intervenciones anteriores pero, según parece, esta satisfacción no perdura en el tiempo en ninguno de los dos casos. Contextualizamos.

“Estoy ya amargado, no sé que más hacer con este dolor de espalda”, sentencian Pepe, María, Laura, Luis o tú mismo después de un costoso y largo peregrinaje terapéutico de profesional en profesional con subidas y bajadas en la evolución de ese dolor pero sin una solución de larga duración. No vamos a entrar en datos estadísticos ni financieros alrededor del dolor de espalda mundial, pero si estás leyendo esto, seguramente lo hayas padecido debido a tu estilo de vida. ¡Casi podemos afirmar que ese dolor de espalda habrá sido consecuencia de estar vivo en este modelo de sociedad actual!

Estamos sometidos a mayor estrés del que somos capaces de tolerar, ya sea en los tejidos (músculos, huesos, articulaciones) o en el sistema nervioso (estrés laboral, preocupaciones, pocas horas de sueño o miedos). Ya conocemos que puede afectar al dolor de espalda tanto una degeneración del disco severa como simplemente tener miedo al movimiento que te han dicho que es malo.

Quizás necesiten una revisión de la literatura científica estas afirmaciones “impepinables” dichas en cualquier barra de bar, consulta sanitaria o rincón de gimnasio, donde, gracias a la actual tecnología e investigación existente, estas sentencias quedan en entredicho sin lugar a discusión.

Algunas de las intervenciones tradicionales se basaban, con el mejor criterio posible, en la época, en el masaje, las terapias farmacológicas o intervenciones quirúrgicas, realizados tras el análisis simplemente de una foto de la espalda.

Existe una afirmación, con algo de acierto ya que existen numerosas herramientas mas actualizadas para valorar el dolor, que dice: “Que te duela la espalda porque no sea tan bonita como la de los manuales, es similar a pensar que te pueda doler la cabeza porque te estás quedando sin pelo”. Esta frase reduce al absurdo el determinismo asociado al dolor de espalda, ya que sabemos que existen tantísimos elementos que pueden desencadenar una experiencia dolorosa, que se trata de un proceso casi azaroso.

En ninguna de las intervenciones anteriores (masajes, terapias, cirugías), comúnmente usadas por casi la totalidad de nosotros que hemos sufrido de la espalda, la persona tiene un rol activo. Simplemente ha sido un mero contenedor de terapias que seguramente a corto plazo le han reportado una mejoría, como en la lotería, por el hecho de aplicar un estímulo nuevo, pero que no se van a diferenciar de otras en cuanto a eficacia a medio y largo plazo.

Si nos centramos en el ejercicio físico, pasa algo parecido. La persona ha sido un mero repetidor de movimientos (ya sea en el suelo o en el agua, primera elección para muchos profesionales sin ninguna fundamentación sólida) donde no se han tenido en cuenta sus preferencias, sus creencias o expectativas, y donde la reducción del dolor en el corto plazo es la única diana terapéutica.

Sabemos que las personas que han padecido una incapacidad de larga duración no solo sienten dolor en algún momento o en todo el día, sino que presentan un marco asociado alrededor  de su vida a tener en cuenta tanto como la propia experiencia dolorosa.

Debido a este panorama, se nos hace difícil pensar que una única estrategia terapéutica basada solo en la reducción del dolor a corto plazo pueda tener éxito a largo plazo como solución a todo un problema sistémico y realimentado negativamente. Por el contrario, una intervención basada en la persona y las consecuencias perjudiciales derivadas del tiempo de incapacidad irá a los focos del problema y hará que todas las afectaciones de la persona sean tratadas con la relevancia oportuna e individualizada durante el proceso de mejora. Un ejemplo: hacer ejercicios de Pilates o mejorar el control lumbar en ejercicios no siempre es la solución cuando el “fuego” está en otro lado.

Tras la autorización de un profesional sanitario que descarte la existencia de banderas rojas, las intervenciones centradas e individualizadas en la persona, en las que se integre ejercicio físico, mindfulness y educación en dolor, permitirán una gestión sistémica de todos los aspectos negativos que conocemos que influyen en la persona con dolor. Esto nos encaminará a una tendencia de mejora, aunque, como afirmamos con anterioridad, el estilo de vida actual y la complejidad de la persona hacen que sea impredecible la reducción de la experiencia dolorosa al 0%.

Como conclusión dejo una frase que muchos suscribirán, y ante la que otros clamarán al cielo: es necesario un cambio de paradigma en el abordaje de la persona con dolor inespecífico de larga duración. “Debido al tiempo disponible con la persona respecto al resto de profesionales, y a la capacidad de integrar información de diferentes áreas de conocimiento, el educador físico correctamente formado y con una red de profesionales sanitarios que compartan el desarrollo de los procesos es el profesional con mayor posibilidad de colaboración en el desarrollo de una intervención eficaz a largo plazo con la persona a través del movimiento y la educación”.

Termino lanzando una cuestión: ¿Quieres que te toque la lotería, o tener las herramientas para el manejo de tu día a día?

Diez casos en los que el ejercicio físico es tanto o más eficaz que los medicamentos

 

Ángel Carnero Díaz

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Dirección Técnica In Muv Sport Clinic. Profesor de Grado Ciencias del Deporte. Centro Universitario San Isidoro. Inmerso en el estudio de los avances en el campo de la neurociencia como motor del movimiento, apoyando día a día a las personas para que entiendan todos los procesos que ocurren en su cuerpo para su empoderamiento y desarrollo personal a través del movimiento.

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1 comentario

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  • Magnifico articulo que carraboro con mi caso en particular donde llegue casi sin poder moverme y con mil dolores y a base de educar el dolor, trabajo de fuerza y cambiar algunas pautas diarias he conseguido volver a tener vida que parecía no podía volver. Gracias a profesionales como Ángel Carnero se demuestra que no hay que esperar ningún milagro en interminables pastillas y si en el movimiento, al menos conmigo lo esta consiguiendo. #rendirsenoesunaopcion

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