La rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla es una lesión tristemente célebre en el ámbito deportivo. En salud+deporte te hemos hablado de ella, y también de la famosa triada, que se produce cuando se rompen también el ligamento lateral interno y el menisco interno. Son lesiones duras, porque obligan a sufrir una intervención quirúrgica y a pasar por un largo periodo de recuperación, en el que el deportista debe contener frecuentemente sus ganas de regresar a la actividad. En esta ocasión, vamos a profundizar en los resultados de la aplicación del plasma enriquecido en factores de crecimiento en la recuperación de la rotura de cruzado.

triada infografía

¿Cómo se produce la lesión?

Por la frecuencia con que se produce, por la necesidad de intervenir quirúrgicamente y por el tiempo que requiere la recuperación, la rotura de ligamento cruzado anterior probablemente sea el percance más temido por los futbolistas. Sin embargo, afecta también a otros deportes explosivos en los que la rodilla soporta grandes cargas, como el baloncesto, el tenis, el voleibol o el atletismo.

Xavi Hernández, Ronaldo, Víctor Valdés… Son muchos los futbolistas profesionales que a lo largo de su carrera deportiva sufren la rotura del ligamento cruzado anterior. Algunos, como Asenjo, la ha superado hasta cuatro veces. También es una lesión frecuente en el baloncesto, porque los jugadores realizan movimientos recurrentes de pivotaje sobre la rodilla.

El ligamento cruzado anterior es uno de los cuatro que dan estabilidad a la rodilla. Esos ligamentos son el colateral medial, colateral externo, cruzado anterior y cruzado posterior. Su cometido principal es dar firmeza, estabilidad y movilidad a la articulación. Como explica el doctor Sergio Tejero, traumatólogo en Clínicas Beiman, los ligamentos son imprescindibles para que la rodilla no se descomponga cuando arrancamos, paramos o giramos. Sin embargo, su propia función les hace especialmente vulnerables a un mal apoyo, un giro brusco o un golpe.

El ligamento cruzado anterior tiene la función principal de evitar que el fémur se desplace hacia la parte posterior de la pierna. También controla la rotación de la tibia. Por eso es esencial.

Cuando el ligamento se estira en exceso puede producirse una distensión, o una rotura parcial o total. Tal y como explicaba Juan de Dios Beas, especialista en medicina deportiva y asesor de Clínicas Beiman, en la rotura del ligamento cruzado anterior actúan sobre la rodilla fuerzas de desaceleración, hiperextensión o rotación. De esta forma, la rotura es el resultado de una mecánica característica:

  • Al realizar un movimiento de rotación y valgo forzado. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se desplaza la rodilla con los tacos clavados sobre el césped, una imagen muy característica.
  • Cuando se produce una «hiperextensión forzada». En este caso la rodilla se desplaza hacia atrás de forma brusca, por ejemplo al caer después de un salto o al rematar o despejar un balón. Ocurre también cuando se recibe un golpe posterior con el pie en apoyo.

La rotura hace que la articulación se empiece a mover de manera excéntrica, lo que imposibilita la vuelta al a práctica deportiva con normalidad, y predispone a roturas meniscales y fracturas osteocondrales.

Factores de crecimiento: ¿Qué aportan a la curación de una rotura de ligamento cruzado de la rodilla?

La propia disposición intraarticular del ligamento en la rodilla hace que la lesión tenga una recuperación complicada. «El cruzado anterior no cicatriza bien porque está dentro de la articulación y tiene su propia sinovial», ilustra el doctor Tejero. Además, la ausencia de reparación en caso de rotura puede predisponer a una evolución hacia la osteoartrosis degenerativa de la rodilla, que acabe imposibilitando la práctica deportiva.

Por eso, si se quiere volver a practicar deportes de arrancada, la única solución pasa por la intervención quirúrgica para reconstruir el ligamento dañado. La reconstrucción se realiza mediante artroscopia, utilizando tejido tendinoso del propio deportista (procedente de los isquiotibiales o tendón rotuliano) o injertos de cadáver. La operación consiste en utilizar un tendón y canalizarlo a través de la tibia y el fémur para convertirlo en el nuevo ligamento cruzado.

La operación persigue la reposición anatómica y funcional de la rodilla dañada. Pero además, se puede realizar con una aproximación biológica a este tipo de intervenciones. La aplicación de un enfoque biológico en la reconstrucción del ligamento cruzado anterior conlleva modificaciones en las fases de rehabilitación y terapia física. Es aquí donde el plasma enriquecido en factores de crecimiento y, en concreto, Endoret PRGF, se ha demostrado como un complemento a la cirugía artroscópica y la reconstrucción quirúrgica.

Como te explicamos en este artículo, el plasma enriquecido con factores de crecimiento está catalogado como medicamento por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Endoret PRGF es el medicamento que resulta de aplicar una tecnología biomédica que permite concentrar y separar las proteínas y factores de crecimiento responsables de la regeneración tisular a partir de un pequeño volumen de sangre.

Pues bien, cuando se complementa la con el plasma se persiguen tres objetivos:

  • acelerar la remodelación del tejido,
  • acelerar la osteointegración al hueso y
  • acelerar la ligamentización, ya que el injerto es un tendón que debe convertirse en el nuevo ligamento.

«Son tres procesos que están muy mediados por agentes biológicos y se pueden acelerar», señala Jaime Rivas, del BTI Biotechnology Institute, la empresa radicada en Vitoria-Gasteiz responsable de Endoret® (PRGF®).

Endoret PRGF: ¿cómo se aplica en una operación de ligamento cruzado de la rodilla?

Jaime Rivas explica que la infiltración del plasma enriquecido se realiza en cuatro puntos:

  • En el punto donante, de donde se extrae el injerto que va a sustituir al ligamento roto. Generalmente suelen utilizarse los tendones de la pata de ganso o el tendón rotuliano.
  • Posteriormente se infiltran los túneles óseos donde se coloca el injerto.
  • Después se infiltra el propio injerto, una vez que está en su sitio.
  • Una vez terminada la operación se remata con infiltración intraarticular.

Estas infiltraciones se realizan al final de la operación, y se pueden reforzar con infiltraciones intraarticulares ambulatorias entre dos y cuatro semanas después de la intervención. En este caso se trata de infiltraciones ambulatorias que no se requiere paso por el quirófano.

Qué resultados se consiguen

«En la práctica, lo que conseguimos con el complemento biológico es disminuir el número de hematomas y los signos inflamatorios en el post-operatorio«, señala Rivas. Eso sí, es muy importante establecer un plan preciso y detallado de rehabilitación y de terapia física integrada que continúe enviando estímulos mecánicos.

También se acelera la integración de la plastia en el túnel óseo. Endoret PRGF induce a la proliferación celular y angiogénesis, lo que acelera el proceso de remodelación, ligamentización e integración de la plastia.

Esto tiene resultados visibles. Así, Rivas explica una que las resonancias de chequeo muestran una diferencia muy gráfica: en las intervenciones sin plasma era característico ver los túneles óseos, denominados «interfase ligamento-hueso». «Pero desde que se usa el plasma esa interfase desaparece, lo que demuestra la buena osteointegración y ligamentización del injerto».

Varios estudios han demostrado las ventajas de realizar infiltraciones de Endoret PRGF tras una operación de ligamento cruzado anterior. 37 voluntarios se sometieron a un estudio (aquí) para determinar si el plasma enriquecido daba una ventaja potencial a la ligamentización de los injertos de tendón. La conclusión es que «el uso de Endoret PRGF influyó en las características histológicas de los injertos de tendón, con el resultado de una mejor remodelación del tejido en comparación con los injertos no tratados» en un periodo post-operatorio de seis a 24 meses.

De la misma forma, este estudio demostró que la aplicación de Endoret PRGF proporciona alivios del dolor en un periodo inicial de la recuperación de hasta dos meses.

En otro estudio (que puedes consultar aquí), los autores concluyeron que «el análisis de las observaciones clínicas indica que el grupo con PRGF presenta un mayor número de rodillas estables». De la misma forma, de los datos clínicos se observó que el uso de Endoret PRGF «favorece la minimización de hematomas y de signos inflamatorios en el período postoperatorio; el proceso de recuperación es mejor tolerado, ya que disminuye el dolor, y además es más rápido».

Esto permite una recuperación más rápida, y el inicio de los trabajos de rehabilitación en un plazo menor. «A los seis meses estamos consiguiendo que nuestro injerto tenga un aspecto muy similar al ligamento cruzado anterior», señala Jaime Rivas. Con ello, se acelera la recuperación en deportistas que, después de una lesión inhabilitante, están deseosos de retomar la práctica deportiva.

Néstor Cenizo

Periodista. Trabajó en las secciones de Política y Deportes de El País, y, desde hace tres años, forma parte del equipo de eldiario.es.

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