Algunos deportistas tienen que interrumpir el ejercicio físico que realizan por un dolor agudo insoportable en una de sus piernas. Este daño continuado, que te deja la pierna prácticamente ‘adormecida’ y sin fuerza, solo desaparece al parar de hacer deporte. Esta afección tiene su origen normalmente en la zona de la pelvis, lugar en el que se produce un estrechamiento de la arteria ilíaca externa. Esto provoca que discurra por esa zona una menor cantidad de sangre. Es lo que se conoce como endofibrosis de la arteria ilíaca externa. Su principal consecuencia es la incapacidad de practicar deporte a alta intensidad.

Esta patología sigue siendo muy desconocida hoy en día. No obstante, algunas figuras mundiales del ciclismo (deporte en el que más casos se dan) la han padecido como el ganador de la Vuelta a España 2015 Fabio Aru o la múltiple campeona del mundo Pauline Ferrand-Prévot. La escasez de investigaciones científicas sobre este tema complica su tratamiento. Por ello, hemos contactado con profesionales expertos en la materia para que puedan arrojar luz sobre la endofibrosis de la arteria ilíaca externa.

Endofibrosis de la arteria ilíaca externa: causas

La arteria ilíaca externa es una gran arteria que se extiende por la pelvis como continuación de la ilíaca común y que precede a la femoral. Hay una en cada pierna y su función principal es regar esa zona. Es la única arteria con movilidad en la pelvis, presentando esta característica su parte central mientras que el resto carece de movilidad.

Juan de Dios Beas, especialista en medicina deportiva y director médico de Clínicas Beiman, apunta que este tipo de arterias están diseñadas “para estar de pie y no sentados”, a pesar de su movilidad. Así, una posición anómala, como podría ser la de un ciclista al pedalear, puede provocar que la arteria se pliegue en exceso. Todo ello deriva en un estrechamiento que, si es repetido con frecuencia, origina la endofibrosis: “Si estamos continuamente haciendo esfuerzo al lado de la arteria la podemos irritar”, indica Beas.

No hay que alarmarse ya que no todos los deportistas que contraigan excesivamente el psoas (músculo asociado a la arteria ilíaca externa) van a tener este problema: “La carga de entrenamiento es importante en este sentido”, puntualiza José Ramón Alvero. Alvero es especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte, profesor de la Universidad de Málaga y uno de los grandes referentes a la hora de tratar esta lesión.

Determinar la cantidad de entrenamiento a partir de la cual se origina la endofibrosis de la arteria ilíaca externa es altamente complicado: “Una persona que haga 5.000 kilómetros (km) en bicicleta al año no tendrá probablemente una endofibrosis pero una que haga 40.000 km, como un profesional, sí puede tener más posibilidades”. Por lo tanto, las causas principales que originan esta lesión son la anatomía particular del cuerpo humano y un gesto deportivo repetido. Por esta última razón es importante conocer si la mecánica de ejercicio es la correcta.

Síntomas

El síntoma más evidente de padecer esta patología es la impotencia funcional en ejercicios de alta intensidad que te fuerzan a interrumpir la práctica deportiva. El deportista, según explica Juan de Dios Beas, se ve obligado a parar porque no le llega sangre a esa zona: “El calibre del vaso se ha reducido y, a determinado nivel de ejercicio, no llega sangre suficiente al músculo por lo que no puede desarrollar la fuerza que necesita el deportista en ese momento”. El interrumpir el ejercicio permite que se adecue el flujo a la zona que está dañada y se riegue. El especialista apunta, como señales de esta endofibrosis, el dolor y las molestias en esa zona.

Otra característica evidente de esta lesión es que en reposo no hay síntomas. Es en los grandes esfuerzos cuando se produce esta falta de riego: “Se define como una ‘pierna que deja responder’”, aclara Noelia Alonso Gómez, cirujano vascular del Hospital Central de la Defensa Gómez-Ulla de Madrid y profesora Clínica y Doctora por la Universidad de Alcalá de Henares (UAH).

Alonso añade otro síntoma propio como es la “impresión de muslo grande durante los esfuerzos supramáximos”. Esta sensación se puede verificar prestando atención a si la elástica del pantalón queda muy apretada.

Perfil del deportista con endofibrosis de la arteria ilíaca externa

Ya hemos comentado que el ciclismo es el deporte en el que se han registrado más casos pero no el único. Corredores de larga distancia, futbolistas, nadadores de mariposa o remeros también son susceptibles de padecer esta lesión.

Noelia Alonso remarca la necesidad de implicar al deportista en el diagnóstico de la endofibrosis para lograr un correcto tratamiento. De este modo, puntualiza que el promedio de edad de deportistas que sufren esta lesión es de 29 años y que “la frecuencia de afectación del lado izquierdo es cuatro veces mayor que la del derecho”.

Diagnóstico

La cirujana explica que es importante para un diagnóstico precoz de esta lesión controlar de cerca a los deportistas. Para ello es necesario la realización periódica de pruebas de esfuerzo con “medición de las presiones arteriales en la extremidad superior y en los tobillos”, tanto en reposo como tras un esfuerzo máximo.

De igual modo, señala otros estudios que pueden realizarse al deportista:

Ecografía dopler: permite saber el flujo de sangre que pasa por las arterias y las venas.

Angio RM: a través de un equipo de resonancia magnética facilita visualizar si los vasos sanguíneos presentan alguna malformación.

Angio-TC: técnica que permite visualizar estructuras vasculares de manera detallada mediante la introducción de contraste yodado. Esto permite recrear la forma de la vena o arteria en cuestión.

Arteriografía: prueba que ayuda a conocer el estado de las arterias y las venas del cuerpo. Se introduce un catéter por el vaso y se inyecta, de igual modo, contraste yodado. Mientras el líquido circula se toman radiografías.

IVUS: Conocida como ecografía intravascular, es una prueba que utiliza ondas sonoras (que posteriormente se transforman en imágenes con una máquina) para observar la estructura de las arterias y las venas. Para ello es necesario utilizar un catéter.

Cada técnica tiene sus propias características, ventajas y desventajas y debe ser el profesional médico el que decida qué utilizar en cada momento porque puede exponer al deportista a radiación.

Tratamiento

El tratamiento inicial para la endofibrosis de la arteria ilíaca externa es el conservador. Es decir, se intenta que el deportista no intente pasar por el quirófano. No obstante, Juan de Dios Beas aclara que en deportistas de élite “la mayoría de las veces la opción más adecuada es la quirúrgica porque los factores preventivos ya se han cubierto”.

Los factores preventivos a los que se refiere son una disminución de la carga de ejercicio físico y un cambio de postura, para lo que es vital la figura del biomecánico. “La falta de respuesta a medidas conservadoras o una incapacidad para someterse a la modificación de la actividad es lo que conduce a la cirugía”, determina Noelia Alonso.

José Ramón Alvero va más allá y especifica que prácticamente todas estas endofibrosis tienen que tratarse con cirugía porque “la arteria se ha estrechado”, por lo que se necesita reparar ese daño ya que “hay alteraciones de riego y para ejercer un trabajo físico”.

La especialista en cirugía Noelia Alonso comenta, respecto a la cirugía, que el profesional sanitario debe conocer muy bien esta lesión para realizar una operación correcta y no la debe confundir con una estenosis ilíaca. Así, subraya que no “está indicado el tratamiento endovascular por el alto riesgo de fractura del stent (dispositivos con muelle para ensanchar vasos) debido a la alta carga mecánica a la que es sometido”.

Alonso apunta que en la operación se quita la placa que obstruye la arteria a través de una incisión en la pelvis y añadiéndole un posible injerto si fuese necesario. Queda contraindicado el material protésico.

Tiempo de recuperación

Después de la operación, el deportista quiere conocer el tiempo de recuperación. El médico deportivo José Ramón Alvero destaca que cada caso debe ser tratado de manera individual aunque en “dos o tres meses se puede volver a entrenar con normalidad”.

No hay que olvidar que la operación puede tener complicaciones. Por ejemplo, Alonso recuerda que “a veces no se puede liberar la arteria por riesgo a dañar estructuras circundantes y requiriendo finalmente el paciente un bypass (desvío por otra arteria)”. Esto provoca más cortes en la pelvis y, por lo tanto, un mayor periodo de recuperación.

Lo que sí parece claro es que el objetivo final es que el deportista recupere la normalidad en su práctica deportiva al más alto nivel. Intención que parece que se puede conseguir sin problemas. El mejor ejemplo es el de Fabio Aru: operado en abril de 2019 y presente, tres meses después, nada más y nada menos que en el Tour de Francia.

Antonio Alvarez Lovillo

Deportista ocasional y periodista permanente. Apasionado de estas dos temáticas, en todas sus vertientes. Me gusta contar historias y hazañas. Y en el deporte es donde más ocurren. Buscando siempre la noticia y el proporcionar información útil, ya sea en radio, televisión, prensa o digital.

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