Lionel Messi está considerado como uno de los mejores jugadores de fútbol que han pisado un terreno de juego a lo largo de la historia. El delantero ha forjado su leyenda en el Fútbol Club Barcelona, pero su verdadera historia, la menos conocida, comenzó cuando tenía solo diez años y llegó a la clínica del endocrino argentino Diego Schwarzstein derivado por su equipo, el Newell´s Old Boys, con un serio y poco frecuente problema: era más bajito que los niños de su edad. Un déficit de la hormona del crecimiento limitaba su desarrollo y amenazaba su prometedora carrera como futbolista profesional.

El club era consciente de su potencial pero también de que la baja estatura del jugador no era algo normal. Con esa edad, rondaba los 1,25 metros. Tras realizarle una serie de pruebas, el especialista determinó que Messi sufría un déficit de la hormona del crecimiento. A la edad de once años, Messi medía 1,32 metros, altura correspondiente a un joven dos años menor que él. Fue entonces cuando se empezó a corregir este problema.

El origen del déficit  de la hormona del crecimiento: la hipófisis

El déficit de la hormona del crecimiento es un trastorno originado en la hipófisis, una glándula que se encuentra en la base del cerebro y que controla el equilibrio de las hormonas del cuerpo. También produce la hormona del crecimiento, la cual hace que un niño crezca.

Los problemas en esta glándula pueden afectar a diferentes funciones, además del propio crecimiento en estatura: “Por ejemplo,  puede afectar al desarrollo muscular o de otros órganos repercutiendo incluso en la salud futura de la persona que padece ese déficit”, explica Juan de Dios Beas, médico de la Educación Física y del Deporte y asesor de Clínicas Beiman.

Sin un correcto tratamiento, un joven deportista con esta patología tendría dificultades en llegar a la élite: “El déficit de la hormona del crecimiento produciría no solo un desarrollo físico menor y más lento, sino también un aumento del número de lesiones ya que el desarrollo de la musculatura no sería completo”, precisa Beas.

Éste era el diagnóstico de Messi, uno de los casos que se dan de este trastorno entre cada 10.000 nacimientos. A él, al igual que al resto de afectados, se le realizaron unas exhaustivas pruebas para verificar la necesidad o no del tratamiento. Entre estos exámenes figuran el control de peso y estatura del niño, y su relación con la curva del crecimiento.

La curva de crecimiento es una herramienta que utilizan los profesionales para determinar si un niño se encuentra en los valores estándar, tanto de peso como de altura. En este caso, se comprobaba que su altura esté por debajo de -2 desviaciones de las curvas de crecimiento (dos puntos por debajo de lo que el menor debería encontrarse a la edad en cuestión).

El papel del endocrino

Un endocrino es el encargado de realizar el diagnóstico exacto de este déficit. Normalmente, los médicos de familia pueden sospechar que hay problemas en un individuo pero la importancia de estos casos siempre radica en “detectar las causas del déficit de la hormona del crecimiento y cómo corregirla. Todo esto corresponde al especialista”, aclara Beas. El origen puede ser por enfermedades genéticas o por otras enfermedades adquiridas.

Después de la valoración inicial, hay que hacer un seguimiento durante seis meses de la velocidad de crecimiento. Si se sitúa también por debajo de lo estimado y el sujeto presenta un retraso en la maduración ósea, es el momento de empezar el tratamiento. Al contrario de lo que creen muchos padres, los especialistas subrayan la importancia de entender que no todos los casos de baja estatura son susceptibles de recibir medicación: puede ser que una persona no tenga una altura establecida como idónea para su edad pero no presente déficit de la hormona del crecimiento.

Inyecciones para crecer

Messi, como otros muchos niños, comenzó con su tratamiento para paliar el problema. Consistía en inyecciones subcutáneas que se suministró al menos durante tres años: “Una vez por noche me iba pinchando la hormona del crecimiento. Iba cambiando de pierna. Primero una, después otra. No me impresionaba. Al principio me la ponían mis padres, hasta que aprendí y lo fui haciendo solo”, relató el futbolista en un programa de televisión.

Las ampollas que se pinchaba Messi complementaban el déficit de suministro de la hormona del crecimiento de la hipófisis en su organismo. Este trastorno es uno de los seis supuestos en España en los que el Ministerio de Sanidad considera justificado el tratamiento con hormona del crecimiento en niños. Las pruebas son muy minuciosas y el suministro de la hormona supone un alto coste.

Los problemas económicos que tuvo Argentina en 2001 dificultaron a la familia de Messi poder seguir costeando este tratamiento en el país. El desarrollo del tratamiento aún no se había completado y Messi presentaba todavía retraso en su crecimiento. El club, Newell’s Old Boys, no podía hacerse cargo de las inyecciones. Se buscó ayuda en River Plate, uno de los grandes equipos del país, que declinó pagar la medicación. Fue entonces cuando surgió la posibilidad de ir a Barcelona.

A pesar de su baja estatura, las cualidades futbolísticas de Messi destacaron por encima de todos en las pruebas realizadas por el club español. Su fichaje por el Barcelona se produjo cuando tenía 13 años y medía 1,48 metros (tenía que medir 1,55 metros). Entre las condiciones para unirse al equipo se acordó que debía seguir sometiéndose al tratamiento.

Un seguimiento exhaustivo de cada caso

Los profesionales realizan un seguimiento cercano del caso de cada niño que padece déficit de la hormona del crecimiento. Normalmente, el tratamiento se mantiene hasta los 16 o los 17 años. No obstante, hay situaciones en el que “es de por vida porque el déficit es total y se necesita para muchas funciones fisiológicas humanas”, señala Juan de Dios Beas.

Messi logró alcanzar los 1,70 metros, su estatura actual, una talla imposible sin la ayuda extra del tratamiento. Su endocrino en Argentina ha especulado que, sin la hormona, no había alcanzado los 1,55 metros.

El procedimiento habitual en el suministro de las inyecciones implica realizar un posterior seguimiento para comprobar si los niveles de las hormonas de crecimiento se han normalizado. Es el ejemplo de Messi. En caso contrario, habría que valorar continuar con las inyecciones aunque en dosis más bajas.

Hormona del crecimiento y dopaje

La hormona del crecimiento ha generado mucha controversia al estar ligada a casos de dopaje en el deporte profesional. Una situación bien diferente a la de Messi y otros tantos niños y niñas que han visto en este tratamiento la solución a un problema hormonal. Messi es, sin duda alguna, la cara visible de este trastorno. Una leyenda que inició su carrera con problemas pero que nunca desistió de perseguir su sueño: jugar al fútbol.

Muchos niños como él siguen hoy tratándose con esta hormona que, al contrario de lo que muchos padres quieren creer, no está indicada para todos los niños bajitos, ni para aquellos que quieren convertirse en estrellas del fútbol mundial.

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Déficit de la hormona del crecimiento: el caso del gigante Leo Messi
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Antonio Alvarez Lovillo

Deportista ocasional y periodista permanente. Apasionado de estas dos temáticas, en todas sus vertientes. Me gusta contar historias y hazañas. Y en el deporte es donde más ocurren. Buscando siempre la noticia y el proporcionar información útil, ya sea en radio, televisión, prensa o digital.

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