En 2004, con apenas 21 años, el ciclista Alberto Contador sufrió un ictus mientras se preparaba para el Tour de Francia. Circulaba con el pelotón en la vuelta a Asturias cuando una alteración de la visión le obligó a dejarse caer. Una vez en el suelo empezó a convulsionar. Los síntomas eran evidentes. Algo estaba sucediendo en su cerebro. Los equipos de emergencia lo trasladaron inmediatamente al hospital de Oviedo, donde detectaron una hemorragia cerebral que, en primera instancia, parecía estar provocada por el traumatismo craneoencefálico sufrido en la caída.

Le prescribieron su tratamiento pero no quedó ingresado. Horas más tarde, ya en casa de sus padres, los síntomas aparecieron nuevamente. Empezó a convulsionar. Fue ingresado en un hospital madrileño. Al día y medio de las primeras manifestaciones detectaron una malformación congénita cerebral que le había causado la hemorragia y fue intervenido de urgencia para evacuar el coágulo que ya se había formado. Aquella rápida intervención le salvó la vida, y fue decisiva para su pronta y total recuperación.

Aquella rápida intervención le salvó la vida, y fue decisiva para su pronta y total recuperación.

Tras pasar por el quirófano, Contador recuerda que miraba por las ventanas hacia al jardín y siempre repetía: “Lo que yo daría por estar ahora ahí con mi bici”. Tras aquella batalla pudo desarrollar toda su exitosa carrera profesional. Ahora, subraya: “Si yo no hubiera pasado por esta enfermedad, no hubiera conseguido probablemente los éxitos posteriores. Puede chocar, pero aprendes a distinguir lo que es importante de lo que no lo es”.

Lo del ciclista no ha sido un caso aislado. En el año 2011 el exjugador del Milán y del Real Madrid Antonio Cassano sufrió un ictus isquémico debido a una lesión cardíaca de la que fue operado urgentemente. Pudo recuperarse de manera completa de las lesiones producidas por la interrupción ocasional del flujo cerebral.

El último caso conocido ha sido el de María Escario, la popular presentadora de deportes sufrió en el año 2012 un derrame subaracnoideo que la mantuvo tres semanas hospitalizada.

Afortunadamente en todos estos casos sus protagonistas hoy pueden decir que volvieron a nacer, pues las características de la lesión y el diagnóstico precoz permitieron una rápida y exitosa intervención médico-quirúrgica que impidió que las lesiones derivadas del ictus fueran de carácter permanente. Pero no siempre sucede así. En muchos de los más de 130.000 casos que se dan cada año en España, estos pacientes sufren daños motores, cognitivos o del área del lenguaje que exigen una larga intervención profesional que les permita recuperar la máxima funcionalidad y autonomía.

¿Qué es exactamente un ictus?

Comencemos por el principio. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de un ictus? El ictus o accidente cerebrovascular representa la tercera causa de muerte entre la población y la primera causa de discapacidad. Es responsable de entre el 7 y el 10% del gasto sanitario en España. Se define como una alteración brusca de la circulación cerebral que afecta a una parte del cerebro y provoca la pérdida de alguna capacidad asociada a dicha zona cerebral. Se puede presentar de dos formas bien diferenciadas: ictus isquémico e ictus hemorrágico.

  • El ictus isquémico se debe a la obstrucción de vasos sanguíneos impidiendo la irrigación de una parte del cerebro.
  • El ictus hemorrágico es causado por la rotura de ramas arteriales que provocan una extravasación de sangre en los tejidos a los cuales daña.

¿A qué población afecta el ictus?

Se trata de lesiones que puede sufrir cualquier persona y a cualquier edad, si bien existe una serie de factores de riesgo que aumentan las posibilidades de padecerlo, como son la tensión arterial alta, la hiperglucemia o el colesterol alto.

Además, existen malformaciones cerebrales o lesiones cardíacas imposibles de prevenir, que también pueden causar dicho daño cerebral.

Detección precoz del ictus: identificación de síntomas

Por estos motivos es tan importante la identificación de los primeros síntomas en este tipo de patología. Para ello la educación de la población en el reconocimiento de estas señales es esencial y puede salvar vidas y ayudar al restablecimiento de la misma.

Así de claro lo tienen los profesionales que abordan este tipo de lesiones y los propios pacientes, muchos de los cuales están implicados personalmente en la divulgación de este tema y participan activamente en campañas para la prevención y la detección precoz del ictus.

“Empecé a sentirme muy mal, con un dolor de cabeza terrible”, contaba el ciclista

Desde la fundación Alberto Contador se está haciendo una campaña informativa y divulgativa sobre el trastorno y él en persona participa en mesas redondas explicando su propia experiencia. “Empecé a sentirme muy mal, con un dolor de cabeza terrible”, contaba el ciclista. “Era como si un bate de béisbol me hubiera golpeado la nuca”, relataba María Escario.

Los síntomas que debemos reconocer pueden ser variados pero fácilmente identificables:

Pérdida brusca de fuerza en un hemicuerpo que puede ocasionar perdida del equilibrio
Desviación de la comisura labial
Alteración de la sensibilidad
Pérdida total o parcial de la vista
Alteración del lenguaje
Dolor intenso y brusco de cabeza sin origen determinado

Después del ictus

Cualquiera de estos síntomas es motivo suficiente para acudir a urgencias o para llamar al teléfono de emergencias sanitarias 112. La pronta intervención médica minimizará el daño ocasionado por el accidente cerebrovascular, pues cuanto menos tiempo esté sangrando o sin oxígeno el tejido neural, menor será el daño sufrido.

Pero no todos los afectados pueden relatar su experiencia con el mismo resultado que estos deportistas y un gran porcentaje permanece con secuelas neurológicas permanentes que abarcan desde la dificultad motora para realizar las actividades de la vida diaria, hasta problemas en el lenguaje o problemas cognitivos (memoria, atención, conducta…).

Hoy en día existen centros especializados en tratar dichas secuelas y gracias a los fisioterapeutas, neuropsicólogos , logopedas y terapeutas ocupacionales la vida de estas personas no se detiene en el día de la lesión, sino que se adapta a sus nuevas necesidades.

El trabajo diario con los terapeutas, las ganas de recuperarse y el apoyo de la familia y amigos hacen posible la recuperación completa o parcial de la sintomatología, así como la reinserción social y laboral de la persona. Y aunque lo ocurrido en unos segundos cambia por completo la percepción de la vida y la forma de realizar las cosas, la vida continúa para ellos y pueden afirmar que el ictus solo es un cambio de dirección.

 

Más información:
Sociedad española de neurología
Fundación Alberto Contador
Alberto Contador contra el ictus: los seis síntomas que tienes que conocer
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Catalina Gil Escudero

Diplomada en Fisioterapia por la Universidad de Sevilla. Fisioterapeuta especializada en daño cerebral, formada en los métodos Bobath, Vota y therasuit. Formación en terapia manual. Clínica Beiman CPM Aljarafe.

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