El entrenamiento físico regular en espacios abiertos no sólo es fundamental para el desarrollo físico, psicológico y social de los niños, sino que además es un hábito que minimiza el riesgo de desarrollar miopía en los menores, según concluye un estudio publicado de forma reciente por investigadores rusos tras una investigación con 600 niños y adolescentes de entre 8 y 17 años.

En la investigación, que puedes consultar íntegra en este enlace, se distribuyó a los menores en dos grupos de estudio, de 300 sujetos cada uno. En el primer grupo se incluyó a los niños que hacían deporte de forma regular  y en el segundo, a aquellos que no realizaban ningún tipo de ejercicio. Estos dos grupos fueron a su vez divididos en dos subgrupos de 150 personas: uno con los chicos que tenían una miopía media o severa, y otro formado por los que no tenían problemas de visión. Por último, se valoraron los parámetros visuales de todos, tanto al inicio del estudio, como doce meses después, para establecer una comparativa sobre su agudeza visual.

Tras las pruebas realizadas a los jóvenes, los resultados no solo han evidenciado que los sujetos que realizaban ejercicio de forma habitual experimentan un menor riesgo de desarrollar miopía, sino que además conseguían estabilizar la agudeza visual sin corrección y reducir la progresión de la miopía si ya padecían este defecto óptico.

Otro estudio reciente liderado por investigadores de Erasmus University Medical Center de Rotterdam (Países Bajos), destinado a analizar la influencia del estilo de vida y los factores socioeconómicos en la prevalencia de la miopía en menores de seis años, también ha concluido que los niños que pasan más tiempo en casa sufren más miopía que los que pasan más tiempo en el exterior y tienen una vida más activa. Esta investigación ha incluido a 5.711 niños en su grupo de estudio.

El Colegio Oficial de Ópticos-Optometristas de Andalucía explica que, aunque algunas alteraciones de la visión se pueden deber a factores genéticos o circunstanciales, está demostrado que la práctica de deporte y actividades en exteriores es “la mejor forma de desarrollar las habilidades visuales y potenciar una buena agudeza visual lejana”.

La realización de ejercicio físico en espacios abiertos tiene tres beneficios fundamentales:

  • Favorece la relajación del sistema acomodativo del ojo, que nos permite enfocar objetos a distintas distancias.
  • Potencia la visión lejana, lo que a su vez reduce el riesgo de sufrir miopía y permite frenar o ralentizar su desarrollo.
  • Refuerza las habilidades oculares como la visión en profundidad o estereopsis, la coherencia binocular o 3D y los movimientos o vergencias, a través de los que se controla el campo visual.

Además, una buena salud visual también ha demostrado que minimiza el tiempo de reacción de un jugador, por lo que también mejora su rendimiento y su adherencia al deporte. Por el contrario, los problemas de visión en niños desencadenan también una mayor propensión al sedentarismo: muchos menores con gafas no hacen deporte justo por miedo a romperlas, tal y como alertó un informe de la Universidad Europea de Madrid.

Los ópticos-optometristas relacionan el riesgo de padecer una visión incorrecta con el sedentarismo, la mala alimentación y la propensión a la obesidad, factores que en los últimos años se unen al uso intensivo de dispositivos electrónicos, ya que con ellos solo se hace uso de la visión próxima.

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