Los expertos coinciden en que el sedentarismo y el aumento del aporte calórico son las principales causas del aumento de la obesidad en las personas, y también del aumento del número de muertes por problemas cardiovasculares, lo que constituye un verdadero problema para la salud pública. En una sociedad que empieza a tomar conciencia del problema, estamos asistiendo a una generalización de la práctica de algún tipo de actividad física. Una buena parte de la población quiere o tiene la necesidad de hacer algo de ejercicio o de practicar algún deporte, aunque en muchos lo hacen sin asesoramiento y sin saber muy bien quién puede guiarles en este nuevo empeño.

La sociedad, y aquí incluimos a médicos del deporte, profesores de educación física, licenciados y monitores deportivos, psicólogos deportivos, nutricionistas, los padres y las madres, los/as propios deportistas, ha tomado conciencia de que la actividad física incide de forma positiva en la salud de las personas, generando beneficios bien concretos y situándose como una de las bases fundamentales para un buen estado de salud. Y, del mismo modo,  está demostrado que la práctica regular, moderada y médicamente controlada es la que produce mejoras tanto a nivel físico, psíquico como psicosocial, con una clara y evidente utilidad para prevenir, curar, rehabilitar y promocionar la salud, mejorando tanto la cantidad en años como la calidad de vida de las personas.

Por último, es conocido que los beneficios de la actividad física se mantienen mientras se realiza, es decir, que sus beneficios se diluyen de forma progresiva cuando se reduce o se deja de hacer. De ahí que el estilo de vida físicamente activo se debe mantener durante toda la vida si queremos que esos cambios favorables se mantengan en el tiempo. No olvidemos que el ser humano está hecho para moverse y que lo contrario significa ir en contra de lo que es natural y fisiológico para las personas.

¿Deporte es salud? Casi siempre

A pesar de esta clara identificación de deporte y vida saludable, es crucial subrayar que aconsejar o prescribir actividad física y ejercicio NO consiste en decirle a una persona “DEBE usted andar, o NO corra ni salte que no es bueno para su salud, o NO coja pesas que se rompe el tendón…”, sino que estas indicaciones deben responder a un plan individualizado y detallado. En la prescripción de ejercicio físico no vale el “CAFÉ PARA TODOS/AS”. Prescribir actividad física o ejercicio a una persona para conseguir determinados objetivos es como recetar un medicamento para una gripe o una amigdalitis, es decir, algo que solo deben hacer aquellos profesionales capacitados y formados en este campo o área de la medicina.

El paso de la vida sedentaria a la vida activa debe pasar, en primer lugar,  por acudir a un Médico Especialista en Medicina de la Educación Física y del Deporte a que le someta a un reconocimiento médico de salud y aptitud. Es muy importante conocer de manos de un profesional de qué “salud” disponemos y cuál es nuestra “aptitud” para realizar una determinada actividad física, de forma que podamos hacerla con seguridad y sin perjuicios para nuestra salud. Un especialista en medicina deportiva es el profesional preparado, capacitado y competente para guiarle en este camino, no sólo para que lo emprenda, sino para que lo disfrute y para que tenga las herramientas necesarias para que los nuevos hábitos sean duraderos en el tiempo.

De la vida sedentaria a la vida activa

La prescripción de ejercicio físico para la salud debe ser “específica e individualizada” para cada persona. Por poner algún ejemplo: será diferente para un diabético, un obeso, un hipertenso o para alguien que tenga problemas de huesos como la artrosis o la osteoporosis. A las personas que sufren obesidad les vienen mejor ejercicios dinámicos y aeróbicos sin impacto y que sean de baja intensidad y larga duración, con implicación de grandes grupos musculares (caminar, nadar, bici…). En los diabéticos habrá que tener cuidado con las hipoglucemias sobre todo si se tratan con insulina. En los hipertensos, habrá que vigilar los ejercicios que le puedan subir la tensión arterial. Y en el caso de las personas con osteoporosis, habrá que tener cuidado con los ejercicios bruscos y con las rotaciones vertebrales.

Todos podemos y debemos hacer alguna actividad física, sólo hay que saber “qué se puede hacer y cómo se ha de hacer” para que sea beneficioso y no perjudicial para nuestra salud. Y para ello, es necesario el trabajo colaborativo entre profesionales que se ocupan de la salud: así cómo los médicos del deporte están preparados para prescribir ejercicio, los licenciados en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte están preparados para la planificación y el desarrollo de estos programas de actividad física.

Todas las fases de un ejercicio físico son importantes y su control permite conseguir más beneficios, además de reducir los riesgos asociados a la práctica deportiva, especialmente en aquellas personas que no realizaban previamente ejercicio o deporte. El calentamiento es imprescindible antes de iniciar cualquier tipo de ejercicio (ejercicios respiratorios y de flexibilidad con estiramientos de articulaciones y músculos) y tras la actividad física o deporte, deben realizarse ejercicios que permitan la vuelta gradual a las condiciones de reposo (vuelta a la calma) y que aceleren la recuperación (ejercicios de estiramientos y relajación muscular).

Es mejor invertir recursos en salud que en curar enfermedades cuando ya no tengan solución o nos tengan mermados física o psicológicamente, empeorando nuestra calidad de vida. El balance entre riesgos y beneficios de la práctica de actividad física es claramente favorable a los beneficios, que se obtienen a cualquier edad, y aunque nunca es tarde para comenzar, lo mejor es empezar cuanto antes.

 

Citas de interés:
1.- Recomendaciones mundiales sobre actividad física para la salud. Organización Mundial de la Salud. Ginebra: 2010.
2.- GUÍA de recomendaciones para la promoción de actividad física. Coordinación, Jesús Muñoz Bellerín, Manuel Delgado Fernández; autores, Ana Carbonell Baeza et al. Sevilla. Consejería de Salud, 2010. Edita: Junta de Andalucía. Consejería de Salud.

 

 

Consejos para pasar de la vida sedentaria a la vida activa con éxito
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José Ramón Gómez

José Ramón Gómez cuenta con una amplia trayectoria académica, profesional y docente: Es Licenciado en Medicina y Cirugía (1983), Grado de Licenciado (1986); Especialista Universitario en Ciencias Morfofuncionales del Deporte (Nivel Superior, 1994); Doctor en Medicina del Deporte (2000), Universidad de Córdoba; Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria (2004); y Médico Especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte (2005) por la Universidad de Málaga.

Ejerce como asesor Médico del Deporte en el Centro Andaluz de Medicina del Deporte de Córdoba desde septiembre de 2005 y es especialista de referencia en Grupo Beiman.

Además, es profesor del Máster de Ciencias Aplicadas a la Actividad Física y el Deporte (2002-2005) de la Universidad de Córdoba y ha participado en numerosos seminarios, cursos, jornadas y congresos nacionales e internacionales, como discente y como ponente, y publicado numerosos artículos de investigación en revistas relacionadas con la medicina del deporte.

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