En las últimas décadas lo emocional ha cobrado gran importancia en la evaluación de los factores causales del comportamiento humano. Tradicionalmente, con el conocimiento, las destrezas motoras, el entrenamiento, la eterna dualidad entre influencia genética y ambiental, y otras variables clásicas, se pretendían explicar las capacidades o el rendimiento deportivo de una persona. Pero cuando la fórmula parecía completa, una emoción aparecía y dinamitaba la más sesuda de las predicciones.

Los recursos físicos (innatos y adquiridos) de una persona son ingredientes necesarios sin duda, pero no suficientes para alcanzar un ambicioso objetivo deportivo. El control y adecuado manejo de las propias emociones es imprescindible para ello. ¿Puede el miedo a perder coartar nuestro atrevimiento para ser más ofensivos en carrera? ¿Puede llevarnos un enfado durante la competición a cometer errores a la hora de elegir una estrategia? ¿Y un exceso de euforia, a menospreciar la importancia de la dosificación en una carrera de gran fondo? No es necesario tener una gran experiencia para responder SÍ a todas estas cuestiones.

Los recursos físicos de una persona son ingredientes necesarios sin duda, pero no suficientes para alcanzar un ambicioso objetivo deportivo.

Los estados afectivos influyen en multitud de procesos cognitivos implicados en la ejecución de tareas: atención, concentración, razonamiento lógico, etcétera. Podemos visualizarlo, por ejemplo, en el proceso de resolución de problemas y enfocarlo desde el campo del deporte. Tomando el método de resolución de problemas propuesto por Bransford y Stein (1984), su método IDEAL habla de las siguientes fases en dicho proceso:

  1. Identificación del problema
  2. Definición y representación del problema
  3. Exploración de posibles estrategias
  4. Actuación en base a la estrategia seleccionada
  5. Logro. Observación y evaluación de los efectos de nuestra actuación

Tanto en las dos primeras fases (basadas en el análisis de la situación), como en las tres siguientes (dedicadas a las soluciones), la emoción produce distorsión en los procesos cognitivos de análisis de la naturaleza, dimensión y correlaciones del problema por un lado, y en la generación y valoración de las consecuencias de posibles actuaciones por otro.

Por todo ello, es importante tener muy en cuenta en qué estado emocional nos encontramos en cada momento y valorar su incidencia en nuestra visión de la realidad, visión en las que se basarán nuestras decisiones. No se trata de rechazar la emoción, sino de ser conscientes de su influencia y manejarla a nuestro interés.

La relación entre inteligencia emocional y rendimiento deportivo están tan contrastadas, que las técnicas de gestión emocional son cada vez más habituales en los programas de entrenamiento que clubes y federaciones desarrollan para sus deportistas.

No se trata de rechazar la emoción, sino de ser conscientes de su influencia y manejarla a nuestro interés.

No debemos olvidar que no es solo en el mundo profesional donde se manifiesta, sino que en el deporte aficionado la influencia de lo emocional en el desarrollo de la actividad es igualmente relevante. Veamos algunos ejemplos de técnicas muy populares y de muy sencilla aplicación:

Visualización

Es una actividad que se realiza normalmente los días previos a la competición y que posibilita experimentar mentalmente situaciones concretas que se pueden dar el día D. Entre los beneficios de su práctica se encuentran la mejora en el afrontamiento de situaciones inesperadas, el incremento de la autoconfianza o el manejo de emociones como ira, ansiedad o miedo.

Detención del pensamiento

Es una técnica de nivel cognitivo cuyo objetivo es evitar los efectos perjudiciales de los propios pensamientos negativos. Consiste en primer lugar en identificar esos pensamientos  y frenarlos bruscamente a través de un mantra o palabra clave (por ejemplo “basta” o “stop”). Es en ese momento cuando se deben generar pensamientos positivos que sustituyan a los anteriores. Si bien es cierto que esta técnica requiere cierto entrenamiento y destrezas, aspectos como la motivación o el nivel de ansiedad son manifiestamente mejorados con su aplicación.

Respiración diafragmática o abdominal

Su mayor ventaja es su portabilidad. Es un sencillo ejercicio que puede realizarse en cualquier lugar y no requiere ningún tipo de entrenamiento previo. Utiliza el poder de la respiración para combatir estados de ansiedad. Su sencilla ejecución consiste en respirar profundamente por la nariz de modo que en lugar de expandir el pecho, sea el vientre el que se llene de aire (podemos colocar una mano en el vientre para comprobar que lo estamos haciendo correctamente). Tras una pequeña pausa, el aire se debe expulsar lentamente por la boca. Repetir esta secuencia durante unos minutos produce un efecto relajante inmediato muy conveniente por ejemplo, para combatir situaciones de ansiedad anticipatoria.

Ira, miedo, frustración o euforia conviven con la persona deportista en cada día de entrenamiento y en cada competición. Y como éstas, multitud de emociones van surgiendo y modelando nuestra forma de sentir y ver la realidad. ¿Son buenas o malas? ¿Son convenientes o perjudiciales? Seguro que intuyes la respuesta: con tu manejo sobre ellas puedes emplear su enorme potencial a tu favor, o bien dejar que te dominen y entregar tus acciones futuras en sus irracionales e impredecibles manos.

 

Foto de portada: El ciclista Kudus Merhawi se prepara para el inicio de la fase decisiva contrarreloj de la Vuelta el 9 de septiembre, 2016, Alicante, España

 

Lo que nunca entrenas: el control de las emociones
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Carlos Huertos Álvarez

Psicólogo. Gestor de capital humano en organizaciones. Deportista aficionado en disciplinas de fondo.

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